.,  Anécdotas

LAS AMISTADES Y EL TIEMPO LIBRE A LOS CUARENTA

Es cierto que a medida que nos hacemos mas «grandes», nuestra prioridades y necesidades van cambiando y también nuestra forma de divertirnos y de compartir con las amistades, prácticamente se vuelve algo inevitable pero es algo que se genera de forma natural a medida que avanzamos por la vida.
En esta etapa de la vida en la que nos encontramos, en los que cada quien tiene sus propias familias y los tiempos ya nos nos pertenecen en exclusiva, es cuando tenemos que administrarnos de manera mas efectiva para poder seguir adelante y seguir creciendo de manera sana.


No es casualidad que ha esta edad disfrutemos mas de «nuestro tiempo libre» con las amistades en un entorno relajado y distendido, como en una terraza o en una cena o compartiendo un plato de comida, que en aquellos festivales que antes disfrutábamos. Este momento se convierte para muchos en el tiempo mas esperado después de toda la rutina de la vida diaria, es el momento donde compartes horas de conversaciones, risas y conocimientos con otras personas.
Después de una juventud vivida a toda velocidad, donde se pretendía estar a pleno rendimiento las 24/7, nos llega el momento de los cambios que se generan con la crianza de nuestro hijos, que nos lleva a ese parón de ritmo y nos abre a una nueva forma de disfrutar y ver la vida , con una visión mas relajada donde una simple charla con tus amigos te hace inmensamente feliz.
El compartir esos momentos de crianza con tus amigos, que por regla general lo están pasando igual que tu, es decir criando también a sus hijos, es la forma mas habitual de pasarlo bien, de evadirse de los problemas de trabajo, es donde preparamos cenas o el cumple de uno de nuestro hijos, planeamos escapadas solo para adultos pero sin darnos cuenta buscamos hoteles para familias, a veces solo intercambiamos experiencia paternales y la mayoría de las veces solo hablamos recordando aquellos «viejos momentos» donde «éramos jóvenes» y reírnos hasta que no podemos mas, mientras nuestros hijos nos miran como si acabasen de descubrir que en algún momento fuimos jóvenes.

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